CARACTERÍSTICAS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
CUALIDADES
Las
principales cualidades de la inteligencia emocional son cinco: conciencia de
uno mismo, equilibrio anímico, motivación, control de los impulsos y
sociabilidad. Estas cualidades podemos organizarlas a partir del esquema
adjunto: por ejemplo, la conciencia de uno mismo tiene que ver con la
posibilidad del sujeto de poder conocer las emociones propias. La teoría de Goleman no propone sofocar o eliminar
las emociones, sino de controlarlas: por ejemplo, reducir las emociones
desfavorables a un mínimo deseable, o bien incitar las emociones favorables,
como en el caso de la motivación.
1. Conciencia de
uno mismo: Es la capacidad de
reconocer los propios sentimientos, emociones o estados de ánimo.
Sabemos que las
emociones tienen diversos grados de intensidad: algunas son lo suficientemente
intensas como para poder percatarnos de ellas en forma consciente, pero otras
están por debajo del umbral de percepción consciente.
Por ejemplo, si a una
persona que teme a las serpientes le mostramos una fotografía de uno de estos
reptiles, probablemente la persona afirmará no tener miedo, pero los sensores
que hemos colocado en su piel detectarán transpiración (signo de ansiedad).
Desarrollar esta primera
cualidad implicará la posibilidad de poder modificar este umbral que separa las
emociones conscientes de las no conscientes, haciendo que éstas últimas puedan
ser percibidas. Para Goleman, mediante un esfuerzo deliberado podemos hacernos
más conscientes de nuestras reacciones viscerales (órganos) y, con ello, de
nuestras emociones antes imperceptibles.
Después de una discusión
violenta, luego de un tiempo una persona puede sentir conscientemente que ya se
tranquilizó, pero sin embargo los efectos de la discusión continúan, y es
posible que esta persona no se de cuenta que está nerviosa o irritable. De
hecho, cuando se lo hacen notar se sorprenderá.
La importancia de
conocer nuestras emociones reside en el hecho de que a partir de allí podemos
controlarlas, pudiendo modificar los estados de ánimo desfavorables. Las
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emociones no
conscientes, suelen, en efecto, traicionarnos, y si estamos bajo su influencia
sin ejercer sobre ellas un cierto control, podremos fracasar en una entrevista
laboral o en cualquier otra situación que represente un escalón hacia el éxito.
Las tres cualidades siguientes se refieren, precisamente, a la posibilidad de
controlar los estados de ánimo.
2. Equilibrio
anímico: Goleman llama así a la
capacidad de control del mal humor para evitar sus efectos perjudiciales,
entendidos estos en términos de conductas indeseables.
El ejemplo típico es la
ira, uno de las emociones más difíciles de controlar. Si otro coche se
interpone de repente en nuestro camino, nuestra ira hará que comencemos a
manejar de manera imprudente (conducta indeseable).
En este momento podremos
recurrir a nuestra inteligencia emocional, y, más concretamente, a varios
recursos para controlar la ira. Goleman cita por lo menos cuatro de ellos:
a) Reconsideración: lo
que implica interpretar la situación de una manera más positiva. Pensar, por
ejemplo, que el conductor que se interpuso en nuestro camino estaba apurado
porque debía atender una emergencia.
b) Aislamiento: alejarse
de la situación y estar unos momentos a solas, con el fin de obtener serenidad.
c) Distracción: hacer
otra cosa, como por ejemplo salir a dar un paseo a pie.
d) Técnicas de
relajación como la respiración profunda o la meditación también ayudan. La
respiración profunda no debe ser confundida con respirar pausadamente cuando se
experimenta la cólera, ya que parece haberse constatado que este es uno de los
peores remedios, ya que la oxigenación estimula el sistema nervioso y empeora
el mal humor.
Estos recursos son
también útiles en otros casos de sentimientos y emociones igualmente
indeseables, como la ansiedad o la depresión.
3. Motivación: Es la capacidad para auto-inducirse
emociones y estados de ánimo positivos, como la confianza, el entusiasmo y el
optimismo. En una investigación realizada en EEUU, se comparó el rendimiento de
dos grupos distintos de vendedores: el primer grupo estaba constituido por
vendedores aptos pero pesimistas, y el segundo grupo por vendedores que no
pasaron la prueba de aptitud, pero sí la de optimismo. Resultado: los
vendedores optimistas vendieron más que los pesimistas, por cuanto estos
últimos tendían a interpretar la negativa del cliente como prueba de su
fracaso. Los optimistas, en cambio, se motivaban pensando "estoy errando
la estrategia" o "el cliente estaba de mal humor", es decir,
atribuían su fracaso a la situación, pero no a ellos mismos, con lo cual podían
motivarse para hacer nuevos intentos.
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Señala Goleman que la
predisposición al optimismo o al pesimismo puede ser innata, pero la práctica
puede revertir esta situación si la persona es capaz de detectar el pensamiento
derrotista y reconsiderar el problema desde un ángulo menos sombrío.
Advirtamos, entonces, la
diferencia entre esta cualidad y la anterior: en el equilibrio anímico el
problema que debe resolverse es una emoción intensa, como la ira, mientras que
en la motivación debe resolverse el problema de un sentimiento de pesimismo y
auto desconfianza. En ambos casos se impone un control del estado de ánimo
correspondiente.
4. Control de los
impulsos: Goleman define
esta cualidad de la inteligencia emocional como la capacidad de aplazar la
satisfacción de un deseo en busca de un objetivo. En términos psicoanalíticos,
de lo que se trata es que el aparato psíquico pueda funcionar bajo el régimen
del principio de realidad a través del aplazamiento de la descarga.
En una investigación
iniciada en EEUU en los años '60, se les dijo a un grupo de niños que podían ya
mismo tomar un chocolate, o bien, que podían tomar dos si esperaban a que el
investigador volviese de hacer un mandado.
Años después, se
constató que los niños que pudieron esperar para comerse dos chocolates conservaban
la capacidad de postergar el placer en interés de sus metas, y eran además más
desenvueltos, seguros de sí mismos y más tolerantes a las decepciones. Los
niños que no pudieron esperar demostraron ser, en la adolescencia, más
caprichosos, indecisos y propensos al estrés, atributos estos que difícilmente
podrían asociarse con el éxito.
5. Sociabilidad: Si las cuatro cualidades anteriores
tienen relación con el conocimiento y el control de las propias emociones, la
sociabilidad tiene que ver en cambio con el conocimiento y control de las
emociones y estados de ánimo de los demás.
En este punto, Goleman
nos dice que cuanto más hábiles seamos para interpretar las señales emocionales
de los demás (muchas veces sutiles, casi imperceptibles), mejor controlaremos
las que nosotros mismos transmitimos.
El concepto de Goleman
es similar al de inteligencia social en la teoría de Weschler, en la medida en
que apunta a una capacidad para entablar vínculos con los demás que de una u
otra manera puedan beneficiar al sujeto.
Así un profesional puede
tener grandes conocimientos sobre su materia y un alto coeficiente intelectual,
pero si no sabe relacionarse con los demás, tener amigos o 'relacionarse', como
se dice entre nosotros, sus posibilidades de éxito se verán muy
disminuidas. Por lo
tanto, deberemos relativizar aquello de que "el conocimiento es
poder",
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siempre y cuando lo
entendamos como simple conocimiento teórico y no como una saber acerca de las
emociones de los demás. Un ejemplo nos viene a la memoria: hace varios años, el
periodista B. Neustadt le hacía un reportaje a un sujeto que comenzó a ponerse
violento. Para controlar la situación, el periodista le preguntó ¿es usted
agresivo?. Para preservar su buena imagen, el hombre se vio obligado a
contestar que no, y de ahí en más se calmó para evitar una disonancia cognitiva
entre sus asertos y sus emociones.
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El punto de vista
convencional en neurología ha sido que el ojo, el oído y otros órganos
sensoriales transmiten señales al tálamo, y de ahí a zonas de la neocorteza de
procesamiento sensorial, donde las señales se unen formando objetos a medida
que las percibimos. Las señales son clasificadas con el fin de encontrar
significados de manera tal que el cerebro reconozca qué es cada objeto y qué
significa su presencia. La antigua teoría sostiene que a partir de la
neocorteza las señales son enviadas al cerebro límbico, y de allí la respuesta
apropiada se difunde por el cerebro y el resto del cuerpo. Así es como funciona
la mayor parte del tiempo, pero LeDoux descubrió un conjunto más pequeño de
neuronas que conduce directamente desde el tálamo hasta la amígdala, además de
aquellos que recorren la vía más larga de neuronas a la corteza. Esta vía más
pequeña y más corta -una especie de callejón nervioso- permite a la amígdala
recibir algunas entradas directas de los sentidos y comenzar una respuesta
antes de que queden plenamente registradas por la neocorteza.
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La naturaleza de la
inteligencia emocional" se puede decir que no sólo no es suficiente el
Coeficiente de Inteligencia, (CI) sino que es un error de este siglo por ser
conductista. Goleman reconoce que la noción de "inteligencia
emocional" la ha tomado de Peter Salovey. Las emociones son vitales a la
hora de valorar la inteligencia de las personas, como lo apuntaban los
escritores amantes de la intuición del movimiento romántico alemán "Sturm
und Drang". "La naturaleza de la inteligencia emocional" Goleman
lo fundamenta en cinco puntos: (1) El conocimiento de las propias emociones.
(2) Capacidad de controlarlas. (3) Capacidad de motivarse uno mismo. (4)
Reconocer las emociones ajenas. (5) El control de las reacciones.
El conocimiento de las
propias emociones es la piedra angular de la inteligencia emocional y Sócrates
lo consideraba ya en conócete a ti mismo. Cerebralmente, parece requerir una
activación del neocórtex en las áreas del lenguaje, como evidencia la
alexitimia, la imposibilidad de expresar las emociones, descubierta por el
Doctor Psiquiatra de Harvard Peter Sifneos en 1972. Asimismo, también hay influencia
de las emociones en el razonamiento, como expone Antonio Damasio en El error de
Descartes, donde expone que las señales intuitivas llegan en forma de impulsos
límbicos o de "indicadores somáticos", por lo que debemos estar en
contacto con nuestras sensaciones, con el corazón, al crear metáforas,
soñar,... También hay niveles de emoción, pues "cualquier emoción puede
ser -y normalmente es - inconsciente". Consciente cuando se produce un
registro en el córtex frontal e inconsciente antes de que se registre.
En cuanto a la capacidad
de controlar las propias emociones, Platón hablaba de Sofrosyne, "cuidado
e intelgencia en el gobierno de la propia vida", que Aristóteles situó en
el "justo medio", lo apropiado y que en Roma y en el cristianismo
pasó a ser la templanza equilibrio emocional. Cerebralmente, es en la amígdala
donde se de el chispazo de ira, produciendo una descarga de catecolamina a la
amígdala y de ésta al sistema nervioso; el neocórtex lo calcula fríamente para
la venganza. La cuestión está en buscar el lado positivo.
La capacidad de
motivarse uno mismo es la aptitud maestra para Goleman, aunque también
interviene e influye la motivación de los demás.
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En el reconocimiento de
las emociones ajenas, la base es la empatía, de la cual el primero en definirla
fue E.B. Titehener en la década de los veinte. Gramaticalmente quiere decir
sentir dentro y resulta vital para ponerse en el lugar del otro. Para Goleman
está en función de la educación.
El término inteligencia
emocional es la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar
estados emocionales en uno mismo y en los demás. Describe aptitudes
complementarias, pero distintas, de la inteligencia académica, las habilidades
puramente cognitivas medidas por el cociente intelectual. Muchas personas de
gran preparación intelectual, pero faltas de inteligencia emocional, terminan
trabajando a las órdenes de personas que tienen un cociente intelectual menor,
pero mayor inteligencia emocional.
Inteligencia emocional
no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas. Ejercer un
autodominio emocional no significa negar o reprimir los verdaderos
sentimientos. Los estados de ánimo `malos', por ejemplo, tienen su utilidad: el
enojo, la tristeza y el miedo pueden ser una intensa fuente de motivación,
sobre todo cuando surge del afán de corregir una situación de adversidad, una
injusticia o inequidad. La tristeza compartida puede unir a la gente. Y la
urgencia nacida de la ansiedad (mientras no sea sobrecogedora) puede incentivar
el espíritu creativo.
El coeficiente
intelectual determina lo que sabe un ejecutivo, pero la inteligencia emocional
determina lo que hará. El coeficiente intelectual es lo que permite entrar en
una organización, pero la inteligencia emocional es lo que permite crecer en
esa organización y convertirse en líder.
Cada rol implica un
patrón de inteligencia emocional diferente. Por ejemplo, una persona no puede
ser un vendedor eficaz si carece de firmeza y de una tendencia a la
sociabilidad. Pero otra persona que carezca de la tendencia a concentrarse en
los detalles y a la constancia en la tarea no brillará como químico.
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Se puede decir que nos
introducimos en la segunda sección del libro, la referida a la aplicación. Aquí
Goleman plantea respuestas a cuestiones que invitan a la discrepancia y a la
continuidad en el estudio interdisciplinar y de la sistémica. Tal es la
complejidad de interconexiones que a todos los niveles posee el cuerpo humano.
En este sentido, el feedback de aprendizaje, por el que una pequeña parte puede
afectar a la totalidad del sujeto, puede ser deformado por los prejuicios como
"profecías autocumplidas", dice Goleman. Para ello plantea el
"CI colectivo" como vía de lucha contra la influencia de las
emociones negativas.
Como ejemplos de
estudios de complejidad aporta el iniciado por Francisco Varela, Third Mind and
Life Meeting, (Dharamsala, India, dic., 1990), sobre el sistema inmunológico
como "cerebro del cuerpo", capaz de aprender. También hay estudios
sobre la influencia de los mensajeros químicos entre cerebro y sistema
inmunológico, como el de Robert Ader, Psychoneuroinmunology, (San Diego,
Academic Press, 1990) y el de Steven B. Maier en American Psychologist, dic.,
1994), en los que se expone que los mensajeros químicos entre el cerebro y los
nódulos linfáticos y del bazo -donde se asienta el sistema inmunológico-
afectan a las regiones nerviosas de las emociones. Las conexiones entre el
sistema nervioso autónomo y el sistema inmunológico son las que permiten
liberar a las células nerviosas los neurotransmisores que regulan la actividad
de las células inmunológicas. Por ello habla de las relaciones entre estrés y
ansiedad; tanto las hormonas del estrés -cotecolaminas (adrenalina y noradrenalina)-
como el cortisol, prolactina y los opiáceos, influyen en el sistema
inmunológico, pero no se sabe cómo. Por ello hoy en día sigue abierto el
estudio, centrado ahora en las conexiones entre el cerebro, el sistema
cardiovascular y el sistema inmunológico.
Mas Goleman ve,
-consciente de que todavía no existe el Piaget emocional y tras reconocer que
todavía queda por saber,- "una puerta abierta a la oportunidad", y
habla así del estudio sobre los "niños optimistas" -Heart Start: The
emotional foundations of School Readiness, (VV.AA., Arlington, National Center
for Clinical Infant Programs, 1982)- donde se dan las claves previas para que
el niño "aprenda a aprender" antes de llegar a la escuela: confianza,
curiosidad, intencionalidad, autocontrol, relación, capacidad de comunicar y
cooperación.
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Pero tampoco se puede
descuidar el denominado trastorno de estrés postraumático (TEPT) que provoca el
colapso emocional incluso a largo plazo -como en las víctimas del nazismo,
excombatientes del vietnam, o también provocado por el recuerdo de acciones
violentas en la niñez- que es estudiado en el primer caso por el National
Center for Post-Traumatic Stress Disorder. El TEPT Goleman lo define "como
desorden límbico". Ese "miedo aprendido" se da de alguna manera
en el locus cereleus, zona cerebral donde se regula la secreción de las
catecolaminas -adrenalina y noradrenalina- que activan el cuerpo para hacer
frente a situaciones de urgencia y donde se gravan los recuerdos con una
intensidad especial. El locus cerelus está ligado a la amígdala, al hipotálamo
e hipocampo, entre otras zonas límbicas, y las catecolaminas difundidas por
todo el córtex. También influye en la pituitaria -reguladora de la secreción de
HCT (hormona corticotrópica) que activa la "lucha-o-huida"-. En
tercer lugar se ven afectados los opiáceos cerebrales, la secreción de
endorfinas, que amortiguan las sensaciones dolorosas al actuar como sedantes.
Los psicólogos hablan por su parte de miedo condicionado. En todos los casos la
zona afectada es la misma que en el caso del secuestro neuronal: tálamo,
amígdala y lóbulo prefrontal.
Goleman ve en la
psicoterapia -"reaprendizaje emocional sistemático"- uno de los
medios para el "reaprendizaje emocional", y pone como ejemplo el que
en el TEP (tomografía de emisión de positrones) realizado en los
obsesivos-compulsivos se ha demostrado una mayor actividad en los lóbulos
prefrontales, así como que con la terapia de "modificación de
conducta", donde en ambos casos descendió la actividad en el núcleo caudado,
tratados con y sin fluoxetina.
Mas las claves en la
educación emocional parten de la infancia, -además de otras cuestiones
biológicas y culturales- por lo que puede llegar a darse "el analfabetismo
emocional", quinto y último apartado de Inteligencia emocional. A Goleman
le preocupan los males actuales crecientes de violencia, drogadicción,
marginación, depresión y aislamiento crecientes, sobre todo en el período de
socialización de la persona en la infancia, "precio de la
modernidad". Como posibles vías para solucionarlos plantea programas
psicológicos emocionales de prevención eficaz. Su "vacuna universal"
se fundamenta sobre "habilidades emocionales" -conocer los
sentimientos-, "habilidades cognitivas" -de la vida cotidiana- y "habilidades
de conducta" -verbal y no verbal-. Según la propuesta de Goleman hay que
educar al afecto mismo cooperando en los peores momentos emocionales, lo que
supone un regreso al ya mencionado "conócete a ti mismo" de Sócrates.
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Un diccionario de
psicología define la emoción como esa determinada categoría de experiencias, para las
que utilizamos las más dispares expresiones lingüísticas: amor, odio, ira,
enojo, frustración, ansiedad, miedo, alegría, sorpresa, desagrado...
Son un estado complejo que incluye una percepción acentuada de
una situación y objeto, la apreciación de su atracción y repulsión consciente y
una conducta de acercamiento o aversión. Etimológicamente emoción proviene de
movere que significa moverse, más el prefijo "e" que significa algo
así como "movimiento hacia".

